El problema de los desordenados con la ropa es muy sencillo: se acumula por montones en algún rincón de la habitación y la forma más fácil de deshacerse del montón es ECHARLA A LAVAR, pero ojo, eso sólo desplaza la ropa de sitio… pasamos de tener ropa medio sucia en la habitación a tener ropa limpia en el salón porque un desordenado siempre piensa que poniendo lavadoras está ordenando… pero no! Luego hay que destender, doblar y guardar (no, los desordenados no solemos planchar). Total, que un día pones la primera lavadora y la dejas en el tendedero. Al día siguiente ves que el cesto de la ropa sucia sigue lleno y pones otra pero… error!! No has destendido-doblado-guardado la anterior, así que para poder tender quitas toda la ropa de la cuerda y la dejas en el respaldo de una silla del salón… y ese es el principio del fin. Ahí estará unos 3 días, que es el tiempo que suele pasar hasta que recibes una visita. Entonces la llevas a la habitación, en montaña. Luego descubres que algo que te querías poner debe de estar en esa montaña y lo buscas, y la montaña se cae… y la ropa vuelve a estar en un rincón de la habitación, el mismo desde donde salió 3 días antes pero sin haber sido usada… lamentable.
Conclusión: antes de poner una lavadora, hay que preguntarse si la ropa de la lavadora anterior ya está guardada en su sitio. Si no es así, no pongas la lavadora. Mejor ve a destender-doblar-guardar y luego ya la pones.
miércoles, 27 de julio de 2011
jueves, 21 de julio de 2011
Empezando por el trabajo...
No ha sido un "ordenamiento" absoluto, pero por algo se empieza. Que conste que tampoco me voy a dedicar a darme la paliza durante una semana ordenándolo todo. No se trata de eso. Eso ya lo he hecho otras veces y no ha funcionado. Se trata de trabajar desde la base, desde el fondo, organizando más que ordenando para que el orden llegue por si solo (bueno, hay que reconocerlo, tal y como está la casa dudo que el orden llegue solo, habrá que ayudarle un poquito).
Hoy he empezado con mi mesa en el trabajo... Prefiero no enumerar la cantidad de cosas "no apropiadas" para un puesto de trabajo que había en ella. El que quiera más detalles, que agudice la vista y pregunte. Prometo contestar con sinceridad.
Ahí dejo el antes y el después...

Hoy he empezado con mi mesa en el trabajo... Prefiero no enumerar la cantidad de cosas "no apropiadas" para un puesto de trabajo que había en ella. El que quiera más detalles, que agudice la vista y pregunte. Prometo contestar con sinceridad.
Ahí dejo el antes y el después...
“No es más ordenado el que más ordena, sino el que mejor mantiene el orden”
Es la adaptación de la frase que mi madre me ha repetido tantas veces “no es más limpio el que más limpia, sino el que menos ensucia”.
Llegados los 32 y con un enano de 1 año cuyo paso por el salón empieza a dejar sus marcas, considero que ha llegado el momento de plantearme un cambio. Llevo 32 años siendo desordenada y 32 años intentando dejar de serlo… y hasta ahora no lo he conseguido.
He tenido mucha ayuda, me refiero a que tanto mi madre como mi chico han hecho también sus esfuerzos para que cambie. Mi madre se entretenía haciendo nudos a toda la ropa que dejaba por medio. Eso, si estaba de buen humor, porque si tenía el día torcido lo pagaba con mi mesa que, como ella decía, siempre parecía que iba de viaje… ¿Por qué me empeñaría yo en que mi mesa hiciese juego con el resto de la habitación, si nunca se veía cómo era por la cantidad de trastos que tenía encima? Bueno, pues mi madre era experta en meter un brazo por un lado de la mesa y arrastrarlo de lado a lado dejando caer al suelo todo lo que hubiese en ella: apuntes, vasos con agua, con cocacola, ropa… Y no. No funcionó.
Al independizarme fue mi chico quien se encargó de inventar al “monstruo come ropa” y una alarma en el móvil le recordaba cada domingo que tenía que coger una bolsa, meter en ella toda la ropa que no estuviese en su sitio, y bajarla al trastero… Tampoco funcionó.
Pero ayer, 20 de julio de 2011, decidí que no quiero que mi hijo sea desordenado y que por él voy a intentar cambiar, una vez más, pero con más fuerza que nunca. Porque ser desordenado no es fácil (borrad esa sonrisilla que tenéis en la cara). Se pasa mal. A mí no me gusta ser deordenada, pero no lo puedo evitar. Siempre pienso “luego lo recojo” y el “luego” nunca llega…
He buscado información y he decidido hacer público mi desorden, y nada mejor que un blog para esto. No tengo la intención de que nadie siga mi blog ni de que sea el más leído del mundo… Sólo lo hago como parte de la terapia, como quien deja de fumar y le dicen que lo cuente para no caer de nuevo en ello, para sentir la presión social…
Pues eso, que hoy empiezo a ordenar mi vida, mi casa, mi trabajo… Deseadme suerte!
Llegados los 32 y con un enano de 1 año cuyo paso por el salón empieza a dejar sus marcas, considero que ha llegado el momento de plantearme un cambio. Llevo 32 años siendo desordenada y 32 años intentando dejar de serlo… y hasta ahora no lo he conseguido.
He tenido mucha ayuda, me refiero a que tanto mi madre como mi chico han hecho también sus esfuerzos para que cambie. Mi madre se entretenía haciendo nudos a toda la ropa que dejaba por medio. Eso, si estaba de buen humor, porque si tenía el día torcido lo pagaba con mi mesa que, como ella decía, siempre parecía que iba de viaje… ¿Por qué me empeñaría yo en que mi mesa hiciese juego con el resto de la habitación, si nunca se veía cómo era por la cantidad de trastos que tenía encima? Bueno, pues mi madre era experta en meter un brazo por un lado de la mesa y arrastrarlo de lado a lado dejando caer al suelo todo lo que hubiese en ella: apuntes, vasos con agua, con cocacola, ropa… Y no. No funcionó.
Al independizarme fue mi chico quien se encargó de inventar al “monstruo come ropa” y una alarma en el móvil le recordaba cada domingo que tenía que coger una bolsa, meter en ella toda la ropa que no estuviese en su sitio, y bajarla al trastero… Tampoco funcionó.
Pero ayer, 20 de julio de 2011, decidí que no quiero que mi hijo sea desordenado y que por él voy a intentar cambiar, una vez más, pero con más fuerza que nunca. Porque ser desordenado no es fácil (borrad esa sonrisilla que tenéis en la cara). Se pasa mal. A mí no me gusta ser deordenada, pero no lo puedo evitar. Siempre pienso “luego lo recojo” y el “luego” nunca llega…
He buscado información y he decidido hacer público mi desorden, y nada mejor que un blog para esto. No tengo la intención de que nadie siga mi blog ni de que sea el más leído del mundo… Sólo lo hago como parte de la terapia, como quien deja de fumar y le dicen que lo cuente para no caer de nuevo en ello, para sentir la presión social…
Pues eso, que hoy empiezo a ordenar mi vida, mi casa, mi trabajo… Deseadme suerte!
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